Se dice que no se puede tener éxito en la vida si no se tiene confianza en uno mismo.

¿Pero qué sucede cuando se trata de tener o no confianza en los demás?

Hay quienes piensan que la confianza “se gana”, esto quiere decir, que en primera instancia no se confía en los demás. En esta situación, las otras personas tienen que demostrar que son dignas de confianza, se les brinda la oportunidad de hacerse cargo de una tarea y si ésta es bien realizada, entonces la confianza se ha ganado.

Por otro lado, hay quienes piensan que la confianza “se pierde”, se parte de la situación de confiar de manera plena en alguien mas. Si una persona no cumple con las expectativas de lo que se espera de ella, se deja de confiar. Se confía en las personas hasta que éstas demuestran lo contrario con sus acciones; en este escenario la confianza se ha perdido.

Existe una metáfora por todos conocida: si matas un perro te conviertes en “mata perros”; pero para ser un “mata perros” es necesario matar al menos dos perros, no solamente uno. ¿Será entonces válido perder la confianza en alguien mas por el simple hecho de haber fallado una sola vez?

¿Qué pasa entonces con las segundas oportunidades? ¿Para quién será mas valioso brindar una segunda oportunidad, para quien la otorga o para quien la recibe?

En las sociedades latinoamericanas predomina la cultura de la desconfianza, el fenómeno lo vemos en diferentes situaciones y pasajes de la vida diaria, casi de manera generalizada no se confía en los políticos, no se confía en las instituciones, no se confía en las autoridades y a veces hasta se desconfía de la propia familia y amigos; nos fomentan desde pequeños a no hablar con extraños, si extraviamos nuestro teléfono móvil dudamos que lo vayamos a recuperar, sabemos que alguien mas lo va a encontrar pero prácticamente lo damos por perdido; acudimos al cajero automático con la desconfianza de que alguien nos pueda asaltar una vez retirado el dinero. Las situaciones donde predomina el ambiente de la desconfianza son diversas.

La mejor manera de saber si puedes confiar en alguien es confiando”, decía el ilustre Ernest Hemingway. ¡Cuanta sabiduría hay en esta simple frase!

Confiar o no confiar, esa es la cuestión. ¿Qué nos conviene como individuos? ¿Qué nos conviene como sociedad? ¿Qué nos conviene como empresarios, como compañeros de trabajo, como ciudadanos? La confianza genera más confianza. No basta con confiar en nosotros mismos, debemos confiar en los demás de manera sincera, de manera honesta.

Después de darle muchas vueltas al asunto, he llegado a la conclusión de que prefiero estar del lado de las personas que piensan que la confianza “se pierde”, elijo brindar confianza y esperar con convicción que los demás harán su parte y que con sus acciones seguirán alimentando una cultura de confianza entre unos y otros. ¡Confío, luego existo! Seguramente seguirá habiendo fallas, se cometerán errores y con certeza, se presentarán equivocaciones, pero con todo y eso, todos merecemos al menos una segunda oportunidad.

Escrito por: Ignacio Ortiz, Coach de Negocios.